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2016/02/21

El día que probé la Coca-Cola con vainilla

No sé si os lo he comentado ya pero estoy enganchado a la Coca-Cola desde niño, tengo muchas fotos y vídeos familiares donde se me ve ya de pequeño empuñando una lata de Coca-Cola. Me costaría mucho vivir sin Coca-Cola, no entiendo la vida sin Coca-Cola.

Recuerdo que me pasé a la Light cuando comencé una dieta que me hizo perder 26 kilos en menos de un año, después de aquello no pude regresar a la normal, quedé enganchado al sabor de la Light. Cuando hace unos años lanzaron la Coca-Cola Zero me enganché a ella casi sin darme cuenta. Hubo una época en la que alternaba las dos pero sin duda han hecho un gran trabajo con la Coca-Cola Zero, su sabor es increíble.

Cuando de pequeño descubrí que en otros países disfrutaban de Coca-Cola de sabores que en España no se comercializaban me sentí frustrado, un don nadie olvidado en un mercado secundario, yo me merezco beber todas las Coca-Colas existentes que hay en el mundo, mi riñón ha drenado miles y miles de litros de esta bebida, nadie más que yo en este jodido país lo merecía más.

Hoy es fácil encontrarlas, si no tienes una tienda de productos frikis cerca de casa tienes internet, pero hace años sólo había una forma de conseguir probar estas rarezas, yendo a por ellas a otros países. La primera vez que salí de España mi destino fue Escocia, no estaba seguro al cien por cien pero algo me decía que en Escocia tendría que haber algo que en España no. Así fue.

Atravesé las highlands con unos amigos en un coche que habíamos alquilado hasta llegar a la Isla de Skye. Sin reserva, conseguimos in extremis un albergue donde pasar la noche. Sin duda una de las noches más extrañas de mi vida. Al día siguiente visitamos la isla y de regreso a Glasgow nos paramos en el primer supermercado que está justo al cruzar el puente de la isla. Allí la vi, posada en una estantería en el lugar más remoto de Escocia, la jodida Coca-Cola con vainilla. Me compré dos botellas pequeñas.

No sé a qué coño juegan en Escocia pero me fue imposible encontrar bebida refrigerada en aquellas latitudes, supongo que será por el frío, me compré también Doritos, un paquete de jamón york que sabía a rayos y posiblemente la peor pieza de pan que he probado en la vida.

El caso es que la experiencia no fue satisfactoria en cuanto al veredicto, la Coca-Cola con vainilla hay que tomarla muy fría y la bazofia que comí no acompañó a que mejorase la situación. Pero nada de eso me impidió disfrutar de aquel momento, la Coca-Cola pudo saberme a zumo de ratas pero disfruté como un cerdo aquel maravilloso instante, por fin había probado un producto que había añorado durante años sin ni si quiera conocer.

Después he tenido ocasión de probar la Coca-Cola con vainilla en otros países y también en España, pero sin duda me quedo con aquel supermercado solitario, el frío aparcamiento y la sensación de 'qué coño hago yo aquí'.