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2015/11/10

El camino de la perdición

Viendo estas fotografías que hice hace unos meses me he parado a pensar en los niveles de tolerancia que ha alcanzado la sociedad en general respecto a situaciones tan desagradables como las pertenecientes al mundo de la droga.

Un domingo cualquiera en una ciudad normal:


Los jóvenes se creen que son los primeros en descubrir el mundo a cada paso que dan, como si las generaciones pasadas hubieran vivido aletargadas en un pasado aburrido y gris. La falsa sensación de ser nosotros quienes inventamos el mundo con nuestros actos la hemos sufrido todos. El mundo ya está inventado, claro que la tecnología y las costumbres se modifican con el paso del tiempo, pero lo fundamental, la base de la vida, permanece inmóvil tras el paso de las generaciones.

A nuestros antepasados también les gustaba follar, fumaban hasta reventar sus pulmones y perdían el conocimiento por el exceso de alcohol, y muy posiblemente no esperaban la llegada del fin de semana para hacer todo eso.

Cuando hablamos de comenzar en el mundo de las drogas siempre pensamos en cocaína, marihuana o drogas de diseño, pero ese no es el comienzo, cuando alguien consume ese tipo de drogas ya está bien instalado y muy posiblemente haya llegado para quedarse. Comenzar se hace verdaderamente desde la primera borrachera o desde que se fuma el primer cigarro. Parece exagerado pero es así.

Hoy día cualquier joven tiene algún amigo que consume, porque su hermano mayor lo hace o porque los amigos del barrio lo hacen, es tan común que la droga comienza a percibirse como algo normal e inofensivo, porque aunque la televisión diga lo contrario, tu entorno parece decir otro. Cuando un joven ve que su entorno consume y se divierte haciéndolo es demasiado fácil pasar de fumar un cigarrillo a dar la primera calada a un porro. Aun no lo sabes pero estás bien jodido, es cuestión de tiempo que la vida te pase la factura.


Creo que pocas cosas son tan estúpidas como hipotecar tu futuro por hacer el ganso de joven. Hay personas que tienen la suerte de no traspasar nunca la barrera de las sustancias legales, algunos lo hacen temporalmente sin consecuencias graves, otros sin embargo terminan siendo adictos a una mierda que cada día les roba la vida, a ellos y a sus seres queridos. El camino que hay desde ese primer "porro inocente" hasta terminar fumando plata tirado en un cajero es demasiado corto para algunos.

Cuando la miseria y la muerte se disfrazan de éxito y popularidad terminan ocurriendo cosas como esta.