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2020/07/11

Luces parpadeando en las paredes de mi habitación

Hablo mucho de las épocas que ha tenido internet y hasta ahora siempre me he basado en el software para diferenciarlas, pero al igual que ocurre con los ordenadores, también podríamos diferenciar distintas épocas de internet basándonos en el hardware.

Así a bote pronto se me ocurren cuatro, la época prewifi, la wifi, la de los smartphones y en la que estamos entrando actualmente, la IOT (el internet de las cosas). En realidad he pensado en esto porque acabo de recordar la época de transición al wifi. Cuando llegaron los primeros routers wifi, los teléfonos móviles aún no se conectaban a internet, por lo que en una casa normal el wifi sirvió para básicamente dos cosas, poder chatear con el portátil desde la cama y poder pajearse con el portátil desde el cuarto de baño. Luego llegarían los teléfonos con internet, el ahorro en la tarifa de datos y bla bla bla, pero créeme cuando te digo que el verdadero avance fueron los dos puntos que te acabo de comentar.

Recuerdo que hubo una época en la que tenía conectados dos routers, uno lo usaba como switch y el otro como punto de acceso. Aquella época coincidió con la fiebre de la Mula (eMule), bueno primero fue eDonkey2000 pero a toda aquella locura del p2p se la conoce cariñosamente como la época de la Mula. Cuando aún muchos vecinos ni tenían internet, yo dejaba las 24 horas el ordenador encendido bajándose cosas. La Mula tenía un panel con las estadísticas de uso que era buenísimo, si no me equivoco mi récord personal sin apagar el ordenador fueron más de 40 días. No te miento, más de 40 días sin apagar el ordenador ni un segundo, 24 horas descargando sin parar conectado a Razorback. Obviamente aquello pasó gracias a los primeros ADSL.

Todo ese chiringuito daba como resultado todas las noches un rielar de luces leds parpadeando en las paredes de mi habitación. La aurora boreal tiene que ser genial, pero aquello no lo era menos. Así eran todas las noches de verano, la brisa entrando por la ventana, los grillos de fondo, aquellas luces maravillosas y la sensación que tenía cada noche cuando el resto del mundo estaba drogándose en alguna discoteca y yo estaba colonizando internet.


Te estoy hablando de esto porque acabo de escuchar Brooklyn de The Midnight y aunque no me creas, esa habitación es muy parecida a la que entonces era mi refugio.

Cuando escribo estas cosas lo hago como si le estuviera hablando a un amigo, que eres tú. Esa es la esencia de fleshfly, hablar de lo que me apetece y conectar sólo con los elegidos, con quien me pueda comprender.

Te dejo con la canción, escúchala como se merece.