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2020/01/26

El verdadero valor de Polaroid

El otro día terminó en mi disco duro una colección de polaroids eróticas de la época dorada, me llamó la atención lo poco que hay escrito sobre este tema, verás, cuando se habla de Polaroid todo el mundo piensa en la gran ventaja que supuso la rapidez en el revelado, ya no tenías que terminar el carrete, recogerlo con cuidado para que no se velase, llevarlo a un laboratorio fotográfico y esperar un par de días para recogerlo, y digo un par de días porque eso del revelado en una hora es de la última etapa de la era analógica.

Pero en realidad la verdadera contribución que hizo Polaroid al mundo de la fotografía no fue la inmediatez, sino la privacidad. Si eres un joven lozano es posible que esto de la privacidad no lo entiendas bien ya que hoy día vivimos tiempos convulsos en los que las mujeres se exponen prácticamente desnudas en la propia intimidad de su baño, pero hace tan solo un par de décadas estas prácticas libidinosas eran impensables, la única posibilidad razonable para hacerse una foto de esa guisa era que el marido quisiera tener el recuerdo de su mujer jugando a ser una zorra como las mujeres que aparecían en las revistas porno.

¿Cuál era el problema? Pues que a menos que fueras aficionado a la fotografía y tuvieras en tu casa una habitación para positivar los negativos, cosa poco probable, tenías que llevar el carrete con las fotos de tu mujer enseñando su poblado chocho a la tienda de fotos más alejada de tu zona para que nadie pudiera reconocerte, y aún así, sabías perfectamente que durante el proceso de revelado, varios hombres verían las fotos de tu mujer en lencería transparente enseñando sus pezones. Sólo te quedaba rezar para confiar en la profesionalidad del fulano de las fotos y que no hiciera copias para cascársela con brío en su casa una y otra vez.

Todo este trance desapareció gracias a las Polaroids. Ahora los padres de familia podían fotografiar a sus señoras mientras freían croquetas en bragas sin miedo a que un señor con bigote se frotara el pene contemplando esa estampa. Esa privacidad ha sido uno de los mayores avances en la historia de la fotografía, olvídate de esa pamplina del revelado instantáneo, lo importante eran las fotos de los chochos.

Lo sorprendente de todo esto es que si alguien le hubiera dicho a ese señor de los años 80 que 30 años después la gente tendría cientos de fotos de sus mujeres guardadas en una pantalla que entraría en su palma de la mano, jamás se lo hubiese creído, y si encima le hubieran dicho que sus hijas con el mismo aparato se harían las mismas fotos que su madre en el baño pero en lugar de guardarlas en una caja de zapatos las publicarían en una cosa llamada internet para el disfrute de miles de pajizos, le hubiera dado un infarto en el mismo momento.

Creo que en aquel entonces nadie hubiere imaginado un futuro con la inmediatez de Polaroid y la difusión pública de la intimidad.