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2020/08/11

Mester de juglaría del IRC

Llevaba tiempo queriendo escribir esta historia, que por cierto es completamente real, pero estaba esperando una noche tranquila como la de hoy para hacerlo. Verás, actualmente el internet de las redes sociales es un completo frenopático en el que todos quieren sobresalir con historias disparatadas, twitter por ejemplo es como una película de ficción donde los guionistas tienen problemas mentales, instagram es un escaparate de vulgaridad disfrazado de vanidad y facebook... bueno ya sabes de sobra lo que es facebook.

Con un escenario como este te costará creer lo que voy a decirte ahora, pero en el internet precolombino, el de antes de las redes sociales, cuando se guardaba con celo el anonimato y pese a ello imperaba un mínimo de educación, las historias que se contaban eran reales. Obviamente mentirosos siempre ha habido, en internet y en la vida real, pero la gente que colonizamos el IRC nos metíamos para desde el anonimato que nos brindaba un nick, hablar de forma sincera con un completo desconocido. Era algo mágico, había conversaciones que sólo duraban una noche, pero durante esas horas se establecía un nexo de confianza más fuerte que el que podías tener con cualquiera de tus amigos. Sabías que quien estaba al otro lado no iba a juzgarte, y si lo hacía con cerrar el privado tenías suficiente. El anonimato otorgaba la libertad que no teníamos en la vida real.

Era genial porque los de aquella época desarrollamos una especie de cibersentido que nos permitía con tan solo tres o cuatro líneas de conversación, saber si había química con la otra persona. Esto es imposible de explicar, sencillamente pasaba.

En alguna ocasión me habrás leído decir que ajolá conservara los logs de esas conversaciones de IRC. Desafortunadamente los ceros y unos de aquellos legajos virtuales desaparecieron junto con los valores de los cibernautas, una verdadera lástima, con un pero, eso sí, algunas de aquellas historias aún resuenan en mi recuerdo como si hubieran pasado ayer mismo. Así que me he dicho, ¿por qué no contarlas de viva voz? Sería una especie de mester de juglaría virtual. El juglar, en este caso yo, recitando de forma épica una historia de carácter popular para recreo de nobles de internet.

Quiero que seas consciente que el mejor aval para dar veracidad a esta historia no es el tiempo que duró esta relación de ciberamistad, sino mi palabra que lo asegura.

Todo comenzó en el canal #mas_de_40 del irc-hispano, digamos que su nick era Rosmeri y tenía 51 años. Yo por aquel entonces tendría veintipocos y la diferencia de edad lejos de ser un handicap, aportaba valor añadido. Rosmeri era de Cádiz y estaba casada con un profesor de universidad, ella tenía un cargo importante en una empresa de distribución, creo recordar que tenía dos hijos y vivía en una casa bastante grande de dos plantas, con un gran patio y jardín. En la planta de arriba cada uno tenía su despacho desde el que Rosmeri además de trabajar, chateaba a espaldas de su marido.

Digo marido porque hacían vida de casados aunque no lo estaban realmente. Rosmeri se había divorciado de su marido oficial cinco años antes y con su pareja actual nunca llegó a pasar por la vicaría. Pero ella siempre se refería a él como su marido. No sé cómo serán las conversaciones actuales en las redes sociales, pero en el IRC cuando hablabas con una mujer casada, al principio siempre se hacían las dignas, todas eran super felices, fieles y joviales, sólo chateaban por aburrimiento. Pero al poco que la conversación iba cogiendo cochura, sobre todo si se establecía una relación de días, iban floreciendo ciertas carencias matrimoniales que terminaban justificando la realidad.

Yo por aquel entonces no tenía novia, era simplemente un joven pajizo que dominaba con brío el arte del verbo y disfrutaba enormemente embarrado en conversaciones distópicas. Por cierto no te lo he dicho pero Rosmeri era una madura algo lozana que estaba bastante buena, su cargo en la empresa le obligaba a ir siempre bien arreglada, peinada y perfumada, tenía un culazo tremendo, rubia con media melena. Rosmeri era pala de la llana.

El caso es que la carencia matrimonial de Rosemari era el exceso de perfección. Tal cual. Las mujeres son así de caprichosas, gozaba de una relación estable, segura, educada y bien posicionada, pero según ella todo era muy perfecto, nunca discutían, no se escuchaba una voz más alta que otra, su vida sexual era excelente pero por alguna extraña razón todo aquello no era suficiente para ella. En mí encontró aire fresco, mis aficiones y pensamientos le fascinaban y cuando hacíamos cibersexo (me encanta esa palabra) se corría como la fontana di trevi con mis lascivos escenarios.

La complicidad llegó a ser máxima, tanto fue, que me contó intimidades que me dejaron perplejo. Para mí era como espiar por la cerradura de una puerta los secretos de una mujer de negocios exitosa, madre responsable de dos hijos, pero una verdadera viciosa en la intimidad. No voy a andarme por las ramas, te voy a contar lo que más impresionado me dejó de todas las cosas que me contó.

Resulta que el primer marido de Rosmeri era bastante celoso. Ella era una mujer muy llamativa, una mature de órdago, y eso él no lo llevaba demasiado bien. Eran muchas las peleas que tenían por cómo iba vestida, por el tamaño del escote, por lo ceñido de su vestido y bueno por todo ese tipo de cosas. Ella jamás pensó que juntaría el valor para pedirle el divorcio, pero el hartazgo de su situación junto con el comienzo del vínculo afectivo que ya se había creado con su actual pareja, lo hicieron posible.

El primer marido de Rosmeri no encajó bien su nueva situación y en lugar de irse a la casa de putas más próxima para que una rusa de 19 años le hiciera una fellatio, se fue al psicólogo. Rosmeri lo pasó fatal porque ella sin estar enamorada, seguía queriendo al padre de sus hijos, así que una buena noche pensó que para normalizar la situación, lo mejor sería organizar una cena con los dos. Se supone que de esta forma su exmarido aceptaría como normal la nueva situación que lo estaba destrozando.

Así fue, quedaron los tres en casa de Rosmeri aprovechando que los hijos se quedaron en casa de los abuelos. La casa era de ella pero temía que juntarlos bajo el techo en el que había vivido tantos años su exmarido pudiera ocasionar problemas añadidos, pero no fue así, la cena se desarrollo en la más apacible de las situaciones, ambos hicieron gala de una exquisita educación. Terminaron de cenar y se sentaron en el sofá para tomar una copa. Rosmeri se sentó junto a su actual pareja y su exmarido, cuando los vio sentados en su sofá, no pudo evitarlo y rompió a llorar como un niño chico. Según ella, las lágrimas caían en el suelo como goteras y Rosmeri no dudó en arrodillarse delante de él para abrazarle mientras lo consolaba.

Atento porque aquí es cuando la cosa se pone interesante, te lo cuento tal y como me lo contó ella. Rota de dolor por ver al padre de sus hijos destrozado, comenzó a acariciarlo y besarlo para que se calmara, se sentó a su lado y lo abrazó, los besos se tornaron cada vez más tiernos hasta que terminaron besándose en la boca como dos adolescentes. Según me dijo lo hizo sin pensar, pero no tardó en echarle la mano al paquete para acariciárselo por encima del pantalón mientras no paraban de besarse. El exmarido no tardó en cargar armas y Rosmeri allí mismo, con su actual pareja sentada a dos metros, se arrodilló otra vez pero para comerle el rabo a su ex.

Supongo que lo hizo porque sabía que su actual pareja era más guarro que una mano, así que le hizo una mamada de libro delante de él. Claro cuando me contó aquello yo no lo podía creer, le pregunté que qué hizo su pareja ante esa situación, y la respuesta fue muy clara, sacó la polla de su marido de su boca, giró la cabeza y lo vio con los pantalones por las rodillas masturbándose mientras contemplaba la escena. Pero la cosa sigue. La situación se le fue de las manos por completo así que pensó que lo mejor sería cambiar de sofá para comerle la polla ahora al otro. Y así hizo.

Claro el padre de sus hijos era una persona muy celosa y yo me esperé una reacción violenta por su parte, pero todo lo contrario, ahora fue él quien se masturbó viendo aquello. Sé que es una locura lo que te estoy contando pero te aseguro que aquello pasó. Rosmeri los sentó a los dos en el mismo sofá y se los empezó a follar por turnos. Yo ya creía que lo había visto todo en la vida pero que va. En un momento de la fiesta, ella se colocó encima de su actual pareja y mientras se lo follaba, Rosmeri con una mano empezó a masturbar a su ex, a lo que su actual pareja llevado por el frenesí, agarró la mano de Rosmeri y comenzaron los dos a masturbar a su ex. Así es, mientras se estaba follando a Rosmeri le estaba haciendo una paja al otro.

Imagínate el nivel de perversión que tuvo que vivirse en aquel salón. Pero aún queda una cosa más, como te dije antes la actual pareja de Rosmeri tenía que ser un vicioso de cojones, así que se ladeó para hacerle él mismo una mamada. A mí no me entraba en la cabeza, toda una vida de macho alfa celoso para terminar con la polla dentro de la boca de la nueva pareja de tu mujer. Permaneció inmóvil, su marido no lo tocó a él, pero le dejó terminar el trabajo.

Después de aquella noche dejó de ir al psicólogo y jamás se volvió a repetir una situación similar. Según Rosmeri, fue algo que surgió sin pensar, sólo se dejaron llevar por la situación y ninguno de ellos quiso pararla.

Lamentablemente perdí todas las fotos de Rosmeri aunque de haberlas tenido tampoco las hubiese publicado. Te dejo una foto que me he encontrado por internet y que perfectamente podría haber sido ella.

Historias de IRC